jueves, 5 de julio de 2007

El picante


Desde hace muchos años, me gusta el picante. Añado picante cuando cocino, y sobre todo cuando como, le pongo picante añadido. Antes utilizaba Tabasco , pero ahora tengo suministrador mexicano de picante auténtico, el suegro de mi hermano, que se llama Chumón y es también un crack, como mi amigo Bartolo. Siempre que como algo con tomate, con picante.
Podéis ver en la foto dos ejemplares mexicanos auténticos (por favor, cuando pronunciéis Mexico, siempre con j, y cuando lo escribáis, siempre con x), dos salsas de chile habanero, Loltún y Guacamaya. La Guacamaya es de Culiacán , (que aunque en wikipedia siga como Culiacán Rosales, se llama sólo con el primer nombre), y es mucho más fuerte que la Loltun. Podéis leer esta crítica de la salsa Loltún aquí.
En fin, nunca he sabido porqué me gustaba tanto el picante hasta que he leído un artículo de la revista Time, a la que estoy suscrito hace muuuchos años para practicar inglés que da una explicación tan extravagante que me ha sugerido este post. Según ellos (traduzco como sé):
¿Por qué nos gustan tanto los chiles picantes?
¿Por qué comer algo que puede lastimarnos?
El picante en los chiles viene de sus capsaicinoides, una serie de compuestos concentrados en las costillas internas de un chile y en las semillas. Los capsaicinoides afectan a los receptores del dolor en nuestra boca y en nuestra lengua.
Es esencialmente un mecanismo de defensa diseñadopara evitar que los animales se coman los pimientos. “El cuerpo reacciona como si fuera un veneno,” dice David Thompson, el cocinero australiano de cocina tailandesa más innovador de las últimas décadas y dueño de Nahm, único restaurante tailandés de Londres con una estrella Michelin. “Con una pizca de picante ya se consigue” En un nivel muy bajo, esta pizca es adictiva porque el sistema nervioso de nuestro cuerpo libera endorfinas, un tipo de opiáceo natural suave, para contrarrestar el pique. Es esa mezcla del placer y el dolor lo que hace que comer chiles sea una experiencia tan maravillosa.
En fin, me he dado cuenta de que soy un drogata.
A estas alturas ...

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