sábado, 12 de abril de 2008

Pungido

Transcurridos varios meses desde que posteamos la primera parte de la vida de Randolo, el inspirador de este blog, volvemos a introducir otro capítulo de su vida. La historia de uno de sus mejores y más valiosos amigos, Pungido.

Randolo conoció a Pungido en Cádiz, en Camposoto, cuando tuvo que realizar el servicio militar allá por 1936. Era amigo de Bartolomé Romero, su primo, y cantaba habaneras en Cádiz, además de dedicarse al contrabando de tabaco, y esporádicamente a la conserva del atún. Era un juerguista de órdago, y gracias a él Randolo disfrutaba de sus escasas salidas del cuartel.

Pungido poseía la gracia natural de los gaditanos, y una capacidad embaucadora que le hacía buscarse muy bien su vida. Sus padre era pescador, por lo que él vivió una niñez libre, ya que era hijo único, y su madre estaba todo el día trabajando en la conservera, con lo que campaba sólo por su Cádiz natal. No siguió la tradición familiar de los Largo, tal era su apellido, haciéndose pescador, ya que cuando tenía diez años, su padre desapareció junto con su barco en una tormenta, y su madre no se lo permitió.


Randolo tuvo la mala suerte de que se iniciara la guerra civil estando él en el servicio militar, y tomó una decisión que marcaría el resto de su vida, escapar del cuartel y desertar, justo cuando su unidad se unía al alzamiento, por lo que se le consideró oficialmente un adepto al bando republicano. Volvió a Orihuela donde comenzó un período de su vida oculto de todos.

Pungido, por su parte, se unió a los nacionales y participó en la rápida conquista de Granada, donde se le consideró un héroe aunque no hizo prácticamente nada. El resto de la guerra la pasó tranquilamente sin más acciones en el frente.

Tras finalizar la guerra, su amigo Bartolo le escribió una carta en la que le contaba que Randolo había desaparecido. Como Pungido ya no estaba bien económicamente decidió emigrar a Levante, en busca de su amigo. Llegó en el tren hasta Murcia, donde paró para hacer transbordo y se quedó tres años. Ante su escasez de dinero, inició un nuevo oficio, de limpiabotas en el Casino, donde pronto complementaría su escasa retribución con la organización de partidas de cartas, extraperlo y confidente de la policía.


Los tratantes de fincas murcianos en esa época intermediaban en la compra de fincas agrícolas muy productivas en la Vega Baja, especialmente en el enorme término municipal de Orihuela. A través de uno de ellos, tuvo noticias de Randolo, que se escondía en un caserón propiedad de su tío el indiano.

Seguiremos en otro momento con su reencuentro.

1 comentario:

Akinogal dijo...
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