lunes, 31 de agosto de 2009

Karonte



Este restaurante de extraño nombre (Caronte es el barquero de la mitología griega que cruza el río a las almas de los muertos), y oscuros rótulos, está situado en primera línea de la Playa de San Juan, y me había sido recomendado por dos personas que comen muy bien. Era una gran terraza exterior que ha sido acristalada, con mesas de mantel blanco a ambos lados de un largo pasillo. Nos atienden correctamente, y en su carta vemos que apuesta por el buen producto del mar y los arroces. Como era por la noche, no elegimos arroz. La carta diría que es muy alicantina.



Antes de comer mientras pensábamos y estudiábamos la carta nos sirvieron un Martini rojo en un vaso bajo, muy adecuado.

Elegimos, unos mejillones (al vapor con laurel y bolas enteras de pimienta negra), muy bien cocidos, una ensalada de tomates de Muchamiel con ventresca y cebollita (un placer siempre), unas originalísimas croquetas de boletus y cabrales, que demuestran el extraordinario aroma de los boletus (pasan por encima del cabrales), unos calamarcitos con habitas y ajos tiernos (muy fino el plato) y una bandejita de sepionets a la plancha (excelentes).


De acompañamiento un auténtico acierto de vino, Verdeal (no confundir con el Verdeval), un Rueda de Verdejo muy pero que muy aromático.

Contrario a mis costumbres, tomé postre, un canutillo de membrillo con crema de queso Idiazábal con helado que me encantó, ya que no era muy dulce.


En resumen, para repetir. El precio es algo elevado, pero coherente con la calidad de los productos. Los comensales son locales en su mayoría, a pesar de ser primera línea.

Para mejorar: la carta de hojas de plástico no es muy estética.

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Cerrado, actualmente hay otro restaurante Daksa
Karonte
Avenida de Niza 21
03540 Alicante
Teléfono 965155810

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jueves, 27 de agosto de 2009

Pizzeria Italia Campello Muchavista


Esta pizzeria escondida en la parte que une la urbanización La Font con la Playa de Muchavista (hace falta el plano para encontrarla) es de lo más singular. En los bajos de una urbanización, con una terraza poco iluminada y desprovista de todo lujo, es valiosa por la amplia variedad y buena calidad de sus pizzas. Nos atendieron unos chicos jóvenes muy educados con camisetas azzurri de Italia, y en un plazo brevísimo sacaron las pizzas del horno. En el transcurso de la cena, salieron bastantes pizzas para llevar.



La masa es fina y salen realmente calientes (deben tener un buen horno). Una buena ración para una cena. Además tomamos una ensalada (casera) y en la carta hay gran variedad de pastas. Buen sitio para huir de las aglomeraciones veraniegas de la playa sin tener que entrar en la ciudad (que está más llena aún).



Pizzaria Italia
Finca Mezquitas
c/ La Niña
El Campello
Teléfono 965650656

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miércoles, 12 de agosto de 2009

Restaurante Ripmar. Mutxamel

Este es otro de esos inclasificables restaurantes. La clientela es fija, no hay ninguna referencia en internet, ni publicidad, ni en las páginas amarillas. Sin embargo, es uno de esos secretos que nadie parece querer compartir. Es un local en el que nunca adivinarías el pescado y el marisco extraordinario que sirven por su aspecto exterior ni interior.

Veo cinco mesas en un comedor de una habitación con manteles negros y una barra como de cafetería a la derecha. Voy a comer con mi amigo A, ya que hoy toca una celebración muy especial. A es un connaisseur. Pide a Manolo, al que conoce hace tiempo, que saque lo que quiera, a su aire. Lo único previsto era una gallina que había encargado el día anterior, que comeremos frita. La gallina es super fresca, con los tonos rojos casi reflectantes. (Gallina pescado, claro está). Es un pescado muy apreciado por aquí.

Primero tomamos una fuente de marisco cocido, cigalas, gamba blanca y langostinos. Excelente cocción y punto de temperatura y sal. Después otra bandeja, de gamba roja a la plancha, fuera de lo normal, y una sepia con un golpe de plancha (pero poco) deliciosa. Una ensalada antes del pescado con algún salazón, lechuga perdiz, atún y queso fresco y finalmente en una bandeja, y muy troceada, la gallina, que comemos con las manos para poder acabar con toda su sustancia.
De beber, unas cervezas Alhambra especial y un vino del Rosal, Anxo Martín de Martín Códax, que quizá es demasiado fino para el marisco a la plancha y para la gallina. Tomamos un postre colectivo.



A 75 € por cabeza, algo caro, pero la calidad extra en el producto es así. Sólo hay que visitar el mercado para saber que una comida así no puede costar mucho menos.

En fin, una comida memorable, en el sentido etimológico y en el resto de los sentidos. Este restaurante es ampliamente conocido en los círculos bancarios, extendido desde que el clan muchamelero de la extinta (y extraordinaria) Caja de Ahorros Provincial de Alicante.

Restaurante Ripmar
Calle Salvador I Vicente Pérez Lledó 10. Mutxamel, 03110
Teléfono: 965953124

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lunes, 3 de agosto de 2009

Le Corsaire. Orán, Argelia

Adjunto esta contribución de mi hermano E por su gran interés para la gastronomía mediterránea.


Recientemente he tenido la ocasión de viajar a Orán, una ciudad que, situada en un país cerrado casi por completo al turismo es hoy en día poco frecuentada por los españoles (y los europeos en general). Y, ciertamente, ha sido todo un descubrimiento, prometedor en lo profesional y una gran experiencia en lo personal. No quiero ocultar que mi predisposición era positiva, pues el viaje tenía para mí connotaciones que iban más allá de lo profesional, que nacieron probablemente durante mi adolescencia pandillera con mis amigos los B., espoleados en su imaginario por su cabecilla K. (oriundo del Magreb). Pero esta es otra historia.

La ciudad de Orán, tan cercana, tan desconocida en nuestra orilla del Mare Nostrum está muy lejos de ser exótica y misteriosa. Ni siquiera está mínimamente tocada por el exotismo mejor conocido de las ciudades del vecino Marruecos. Por el contrario: se trata de una ciudad de aspecto sorprendentemente europeo, europeo del sureste de España, para más señas. Y es que su luz, su vegetación, sus edificios y su trama urbana tienen un aspecto tan familiar para un alicantino, valenciano o malagueño que, a veces, es necesario pararse para recordar que uno no se encuentra en esta orilla, sino en la otra. Y es que, no en vano, tenemos un pasado común, de siglos de historia -a ratos próspero e ilusionante, a ratos tormentoso- y un presente también común, con una interrelación creciente, pues la proximidad geográfica y la atracción mutua son más fuertes que las enormes barreras culturales y políticas que hemos levantado en tiempos recientes en ambas orillas y, cada vez más, las desbordan. En resumen: una ciudad fantástica, en la que, a pesar de las mencionadas semejanzas, no resulta fácil llegar a perder la perspectiva de que aquello es sur y esto es norte...




Durante mi corta estancia, tenía el deber y el honor de cumplir un encargo de Randolo: alimentar su suculento blog con una experiencia culinaria interesante. Debo confesar que, cuando llegué, el asunto me pareció difícil ya que, al tratarse de un país con tan escaso desarrollo turístico no conseguí encontrar reseñas previas de restaurantes por internet y, una vez allí, ¡tampoco se veían por la calle!. Pero finalmente se hizo la luz, por obra y gracia de mi amigo argelino T., quien tuvo el acierto de llevarnos al restaurante Le Corsaire. Y la gran experiencia sucedió. Y no fue la única.


Para describir la sensación que tuve en Le Corsaire no se me ocurre mejor forma que recurrir al cine. No se si habéis visto Ratatouille. Casi al final de la cinta, hay una escena, memorable, en la que el despiadado crítico gastronómico Ego es invitado al restaurante de Linguini y Colette y, al probar el ratatouille, queda absolutamente extasiado y su mente retrocede en el tiempo muchos años, hasta cuando era niño, en su pueblo, y llegaba a casa del colegio a comer el mismo plato, el ratatouille, cocinado por su madre, plato familiar, sencillo y popular.




Pues, amigos: entrar en Le Corsaire evocó en mí un impacto parecido al de Ego, pero sin ratatouille. Me vinieron imágenes y sensaciones fugaces, vividas, siendo muy niño, a finales de los años sesenta, o muy al comienzo de los setenta, con mis padres, en algún restaurante del sur de de la costa alicante o norte de la murciana. Quizás en Lo Pagán, quizás en San Javier o en Torrevieja.




Es Le Corsaire un restaurante de pescado y marisco mediterráneo, de cocina alicantino-murciana, diría yo, misteriosa y afortunadamente congelado en el tiempo. Un fenómeno ya extinguido en esta orilla, por falta de género y exceso de ambición y también de absurda sofisticación. Un mamut no extinto en el norte de África.




Esta auténtica reliquia gastronómica y cultural se encuentra situada en el bajo y primer piso de una magnífico caserón de piedra de estilo español situado en la Place de la République Sidi el-Houari, muy próxima al puerto pesquero de Orán. Tras rebasar una terraza exterior, en la calle, con mesas de aluminio y protegida por unos evitables carteles de helados, se franquea una elegante puerta de vidrio y madera y, a mano izquierda, llama la atención un gran mostrador con pescado, el pescado del día, el que vas a elegir para que te cocinen. A la antigua usanza. Pude identificar de un vistazo género muy variado, poco habitual en nuestros restaurantes, ejemplares de una misma especie y de distintos tamaños (ya sabéis lo que quiero decir), entre los que pude identificar un enorme dentón, salmonetes, meros, langostas, sargos, congrios, morenas y doradas.




Los salones no son muy grandes, pues la planta de la casa no lo es. Pero, eso sí: son muy, muy familiares. Mar Menor. Cabo Roig. Años setenta. Vigas de madera en el techo. Camareros (y camareras) con un uniforme llamativo, marinero, que no se pondrían hoy si fuesen españoles. Carta vieja, de plástico, poco cuidada... bien es cierto que para poco sirve, pues la verdadera carta está a la entrada. Servilletas de papel. Sorpresa: los nombres de los pescados están en español. El restaurante está lleno. La gente está animada y habla en voz alta, toda una “algarabía” (nunca mejor dicho). Viene el camarero y pregunta qué queremos. Optamos por unas entradas, una sopa de pescado y un plato principal. Pescado por supuesto. Al ver que había sargos, imaginaos, los que me conocéis, que no podía pedir otra cosa. Mis amigos optaron por dorada y gambas rojas a la plancha en salsa.




Los salmonetes están exquisitos. La sopa de pescado con tropezones de pan tostado y salsa “andalouse” también. Mientras estamos terminando los primeros, la camarera se acerca con un sargo de a kilo en la mano y me pregunta que si lo quiero. Le digo que es muy grande y me acerco con ella al mostrador. Le indico otro más pequeño. Lo hace a la plancha, con un acompañamiento sencillo de patatas y ensalada. Exquisito. Frente a nosotros, en una mesa pequeña, se sienta un señor de aspecto francés y come solo. Los camareros le conocen.




A mi derecha, en una mesa redonda, se sientan nuevos comensales. Cuatro o cinco hombres en la treintena. De repente, un camarero se acerca a su mesa con un mero de seis u ocho kilos agarrado por las agallas... que al cabo de un rato vuelve a su mesa en una enorme bandeja de metal. ¡Qué espectáculo!






En fin, para qué seguir. Una experiencia memorable, a unos precios más que baratos. Todo un festival en el que por mi parte, sólo eché de menos algo que, desde este lado del mediterráneo es habitual aunque es quizás comprensible cuando se está allí: no había ni vino ni cerveza.

100 dinares = +- 1 €



Le Corsaire
9, Place de la République Sidi El-houari - Oran
Tél : 041.39.31.20 0770.99.99.31
Tiene una web bastante completa: http://www.lecorsaire.net/