viernes, 18 de abril de 2014

Diverxo

Intentar escribir sobre el Diverxo es difícil, ya que podría repetirse otro post más de un entusiasta seguidor de restaurantes con estrella deslumbrado o volver a ensalzar la diferencia de la comida de David, etc.

Pudimos cenar gracias a un cliente de G, que conociéndome, no dudó en compartirlo conmigo (muuuuchas gracias hermano), consiguió una reserva en Diverxo, (seremos de los pocos que hemos comido allí antes de su mudanza, que siempre traerá un cambio, será pareceido pero no lo mismo). Es un local escondido, en una calle del barrio de Cuzco en Madrid, a la espalda del tremendo edificio del hotel Eurobuilding al que se mudará en breve. Una fachada negra, como todo lo demás en el restaurante, con las letras de su nombre como único contraste. Tras una estancia en la que hay una gran mesa y un enjambre de cocineros trabajando, se pasa a la única sala donde comeremos las treinta personas que caben, rectangular, y llena de cerdos con alas por todas partes (muñecos de cerdos) y tres bibendums (muñeco de Michelin) sentados en un quicio.

El chef se pasea por el local con cara de concentración, pero sin interactuar ni con comensales ni con los camareros ni cocineros, por lo menos a la vista de los demás. Al sentarnos en la mesa nos quitan el cerdo (de unos 50 cm de largo, un buen volumen) y vemos un plástico con florecitas. Incluso antes de traernos el aperitivo nos atiende un amable camarero cordobés (joven, como el resto, y sorprendentemente la gran mayoría de los comensales), y extiende sobre el plástico unas palomitas de maíz (algo tostadas) con un polvo de kikos por encima, para mojar en unas esferas depositadas junto a ellas y unos tomatillos estrellados (es una fruta de México que tiene color rojo tomate). Llegan los aperitivos, L pide un Kir Royale (un cóctel de Champagne con Cassis que yo no había visto nunca), P la imita y yo me pido un fino (me traen uno de Jeréz espectacular pero no me dejan ver la botella).

Dejan a cada uno dos hojas con los textos que podéis leer en ellas. Hay dos menús, el corto, de 7 platos a 115 € y el largo a 170 €. Nos recomiendan tomar el corto, ya que el largo es realmente largo, y les hacemos caso. Vino recomendado un blanco, la carta de vinos es cara, con alguna referencia estratosférica, pero también tiene vinos relativamente asequibles (del entorno de los 20 € la botella, cosa que en un Restaurante de este porte es extraordinario). Elegimos un Ribeiro que estaba muy bueno, Viña Mein, servido algo frío para poder disfrutar de la madera que tenía.






Y ya empieza el verdadero espectáculo. Los platos no son platos, son "Lienzos", que además van evolucionando, en los platos te traen hasta dos y tres veces cosas e instrucciones. Es un teatro, en el que estás en el escenario, en el que los actores vienen y se van y te cuentan, y tú les cuentas, mientras comes con las manos, con espátulas, te riegan con un spray de flores un plato, o explotas algo, o te las ingenias para mezclar los siete sabores.

El primer plato (o lienzo) combina sabores yodados, medio coco joven con una "sopa" con zamburiñas, pochas, que se integra en la bandeja blanca con un combinado de erizos, trufa y suero, y en el resto del plato unos chis con salsa, a los que después se les unieron colocadas en coreografía unas sardinas con jalapeño, con chamquetes. Para mí el mejor y más complejo.

A continuación, las untuosidades máximas, unas cocochas con un pilpil de foie y una espuma de horseradish. Un plato de una textura absolutamente singular. El preferido de G.

Sigue el Hannibal Lecter, dim sum de pato, espuma de zanahoria, mini-mini zanahorias, a las que luego se les pincha en un estilete metálico en el plato tres lenguas de pato picantes. 

El Pata negra untuoso y pegajoso, que combina conejo y anguila ahumada. Primero es un bloquecito de metacrilato con un "sandwich" de conejo y anguila encima, que se coloca en el lienzo con un cuenco con una ensalada rociada con un spray rosa de hibiscus, más tarde acompañado de una cesta china con un "bollo" relleno de tuétano posiblemente o algo similar.


La variedad de sabores y el entretenimiento no hacen olvidar que estás comiendo, y hasta éste momento ya estás con sensación de estar medio lleno. Sigue de Celeiro a Bangkok pasando por La Vera, una merluza desmigada con un trozo de pan braseado que se deposita después el el plato, en una base de curry tailandés, y con una yema de huevo que se mezcla con todo. Aquí se emplea a fondo la espátula de goma que acompaña a todos los platos depositada en una especie de minilata de nesquick vacía que sirve de contenedor de cubiertos.

Ya llegando al final de la comida, llega el braseado de miso artesano., un cuenco de una salsa a tomar con un muslito de pollo a modo de chupachups, una cresta de pollo en una hoja y un gran cuenco con una salsa picante de ruibarbo (muy usado en tierras escocesas), con alguna otra hierba. Este plato es el más loco de todos para mí, por el eclecticismo.

Y ya el "postre", nada dulce muy cítrico Ensalada!!! Clorofila Piña y aceite de Oliva, una ensalada de frutas con bergamota y una galleta liviana de apio,  buen final para los que no nos gusta el dulce.

Finalmente ya terminado el show, quizá echamos de menos algún comentario, petición de copa, interacto, bis o algo así, parece que el personal estaba cansado (eran sobre las 12 y media de ,a noche).

En fin, una maravilla, quizá falta un poco de cariño, pero es una comida realmente genial.

Habrá que volver dentro de una temporada, ya que 150 € por persona es un precio muy justo para todo lo que sucede (El concierto de los Rolling vende 50.000 entradas entre 100 y 200 € en 2 horas), pero dependiendo de la economía de cada cual, y si no eres de Madrid y tienes que sumar el viaje, para espaciarlo.

De todos modos, el mejor restaurante que he visitado hasta la fecha. No creo que puede ser muy fácilmente superado.


Diverxo
Pensamiento, 28
Madrid 28020
Teléfono +34 915 70 07 66


Nota: Todas las fotos son "prestadas" de otros blogs. Si a alguien le molesta, no tiene más que decirlo y las quito. No hice yo ninguna .




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