jueves, 16 de junio de 2016

Mariano Cocina Malagueña

En la hiperconcurrida Málaga, que pasa por haber sufrido la mayor transformación de una ciudad española en los últimos años, es ya difícil encontrar sitios como este restaurante con ambiente netamente local.

Es difícil andar por la calle en un sábado, y ocurren fenómenos tan singulares como una procesión de semana santa con sus militares, su banda completa etc en pleno mes de Junio. Guiados por L., y tras pasar la plaza de Uncibay (capitán vasco de extinto apellido que conquistó Málaga), girando a la izquierda en una calle sorprendentemente tranquila está el Restaurante Mesón Mariano.

Hay una barra tradicional a la izquierda, que comparte espacio con un comedor donde encontramos una mesa de forma milagrosa. Hay multitud de fotos de Mariano con diferentes personalidades, y al fondo unas tinajas sobre un mural con un enorme olivo.

Nos pasan la carta, donde se abre un espectro de platos apetecibles casi en su totalidad, sin concesiones a la modernidad pero con mucha variedad. Elegimos una ensalada malagueña, que traen enseguida, que consiste en patata cocida, unas aceitunas, naranja cortada en dados y bacalao. Todo de buena calidad y bien ejecutado.



A continuación la reina de la casa, como reza la carta la alcachofa. Las pedimos rebozadas y fritas. Muy finas, muy tiernas para estas alturas del año. Unas croquetas de cocido, que están bien resueltas, y unos albondigones (bien elegido el nombre) con una salsa espesa, casi naranja y unas patatas fritas de verdad, en su punto.

Gran calidad, atención tradicional, buen tamaño de las raciones, cerveza bien tirada, y  precio muy ajustado, salimos a 12 euros por persona con un par de bebidas por cabeza.

En la carta de vinos hay varios vinos de Ronda, que no suele salir de la zona y que es muy interesante.


Calle Granados 2
teléfono 952211899

http://www.restaurantemesonmariano.es

jueves, 2 de junio de 2016

Ronda 14 Madrid









Tras una recomendación de mi gran amigo A, conocedor de los entresijos madrileños, y después de un día intenso, que requería un final adecuado, entré junto con mi hijo G en Ronda 14, sin saber muy bien a qué nos íbamos a enfrentar. Está situado en el barrio de Salamanca, con lo que eso conlleva en cuanto a la clientela.

El local es muy informal, más parecido a un bar, con mesas altas a principio y un comedor pequeño al fondo, con una decoración industrial, una gran pizarra al lado de la barra con muchas anotaciones.
Es un experimento culinario interesante, la fusión de la cocina peruana con la asturiana, que la verdad no se parecen mucho.

 Nos dejamos guiar por César a la hora de pedir. La carta es de “raciones” digamos que algo más grandes que una tapa, para ir pidiendo diferentes cosas. Nos aconseja tomar los platos de frío a caliente, y empezamos con un Ceviche de Xarda (caballa) con calamar y leche de tigre, intensísimo y muy conseguido, con unos calamares empanados muy finitos y crujientes encima de una buena cantidad de ceviche.



 Uno de los mejores platos de la noche.

A continuación dos platos de “sushi”, nigiri-hamburguesa de Wagyu, rocoto y azul, un buen bocado, y un Roll de mar y montaña, langostino y carne roja extraordinario, todo con sus dosis de picante propio de la cocina peruana.



Seguimos con unas Gyozas de anticucho (corazón de ternera) con picada de aji limo y cilantro tremebundas, varios bocados combinados con un sabor muy profundo y una textura de seda. El mejor plato junto con el ceviche.



Nuestro último plato iba a ser uno muy curioso, cachopinos de ternera con queso de cabra y setas, que resultaron ser unos envueltos de carne empanada con un toque exótico, muy tiernos y con la dosis de complejidad que ya íbamos esperando, ya que fue otra sorpresa agradable. La cama de puré de patatas muy conseguida, (hay que ver el trato que los peruanos consiguen de las patatas).



Al final pedimos uno más, (G siempre tiene hambre), unas patatas rellenas de carne guisada que también se me antojaron más americanas que españolas, con una carne desmenuzada sobre un volcán de patata muy tierna empanada.


Muy buenas combinaciones, agradable servicio, aunque la decoración es demasiado dura para la calidad de la comida. Lo convierte en más abierto, y así está siempre lleno, parecían los viejos tiempos del barrio por lo concurrido y animado.

Con un par de Grimbergen una Mahou, una agua y una copa de Mencía Petit Pittacum (no pedir vino hasta los platos finales), salimos a 37 € por barba, que para ser Madrid me dicen que es adecuado. La experiencia fue muy divertida y la comida es excelente.

Para recomendar mucho. Gracias A.

Ronda 14
General Oraa 25
Madrid

Teléfono 91411173