jueves, 24 de noviembre de 2016

Córdoba

Recientemente hemos disfrutado gracias a la pertenencia a una bendita locura llamada La Real e Ilustre Orden de los Caballeros y Damas de la Buena Gente, de un evento mucho más amplio de lo que describo a continuación, que es un extracto de la parte gastronómica.

En una de las ciudades más acogedoras de España, aconsejados por grandes conocedores locales, y teniendo en cuenta que éramos un grupo numeroso, disfrutamos de tres de los más afamados locales la que fue capital del mundo.

Cazuela de la Espartería



Situada en la antigua Calle Espartería, donde se situaba el comercio de esparto a la entrada de la magnífica plaza de la Corredera, el antiguo centro del comercio de la ciudad se encuentra esta taberna, fundada en 1998 y con una aceptación muy importante entre los cordobeses, ya que en ésta ciudad todavía no se han segregado los turistas y los locales, al igual que en otras vecinas ya inundadas de visitantes.

El local es muy movido generalmente. Tiene una planta baja con numerosas mesas y una pequeña barra y en el piso de arriba hay varios salones. En el que estuvimos, decorado como un salón de un cortijo de campo,  nos sirvieron la Manzanilla traída por gentileza de Enrique y Ramón, aparte de buenas cervezas y un fino de Montilla, El Pensamiento, con una profundidad de sabor muy diferente a sus hermanos gaditanos. (Animaros a probarlo con tranquilidad y sin prejuicios y descubriréis un muy buen vino).

Empezó la ronda de tapas con un salmorejo dentro de un botecillo hermético muy original, seguido por una sucesión de tapas típicas cordobesas y andaluzas, como croquetas, albóndigas, tortillitas de trigueros, carrillada, pinchos de gambas, bocadillitos de pringá, y postre. Era como estar en el salón de tu casa lleno de gente en un día de Navidad.

Rincón de las Beatillas

Histórico local cordobés, taberna desde los años 40, flamenca y torera, muy clásica en su cocina, un buen sitio para entender la gastronomía propia de Córdoba. Su patio central te transporta a otra época. El barrio donde está situada es de lo más característico de la ciudad, algo fuera del circuito más poblado. Sólo el paseo para llegar a ella a través de los Jardines de Orive ya merece la pena. Su salón superior dio amplia cabida a todos los que asistimos a la excelente cata de aceite oficiada por Juanma Luque, y las dos o tres tapas servidas dieron muestra de la excelente calidad de su cocina, tortilla de patatas, japuta en adobo y boquerones al limón, (una fritura en un punto excelente ambas),  junto con el pan mojado en los aceites crudos y sabrosos fueron un buen aperitivo, sí señor.

Casa Pepe de la Judería


La gran estrella gastronómica de todo el evento. Histórico restaurante que data de 1920, y que a pesar de estar en una de las zonas más turísticas de la ciudad, la calidad es un sello de la casa.
Nos prepararon una planta completa para nuestro esparcimiento con un espacio para la degustación de los diferentes vinos que viajaron desde diferentes puntos de España.

Empezamos con un excelente Jamón de Bellota del valle de los Pedroches, nada que envidiar a otros ibéricos cercanos, y con una generosidad difícil de encontrar cuando en un evento se anuncia éste plato, Queso Calaveruela, excelente queso de leche cruda de Fuente Obejuna (¿Quién mató al comendador?), vasitos de Salmorejo con Jamón Ibérico y de su pariente Mazamorra (sin el tomate ni el color), con la densidad adecuada al uso en Córdoba,  Piruletas de Berenjenas con Miel, (nada más cordobés) , Tostas de Ensaladilla de Pulpo, (suave ensaladilla viuda con unas rodajitas finas encima), Croquetas Cremosas de Puchero, Patatas Moriscas (una suerte de patatas bravas con una salsa con sabor árabe), Cartuchos de Bacalao Frito (una tradición andaluza cada vez más escasa) y Flamenquín ibérico con patatas, todo de una excelente calidad, gran servicio y una abundancia poco habitual. Finalmente pasaron bandejas de dulces, incluyendo el famoso pastel cordobés.

Una muestra de primer nivel de cocina cordobesa, sin escatimar ni un punto en servicio ni calidad, que para una reunión de ochenta personas es algo muy difícil.

En el Hermanamiento de las Denominaciones de Origen pudimos disfrutar de Manzanillas tan destacadas como Barbiana y Solear, mosto de Jerez, (una curiosidad muy interesante y muy difícil de probar), varios txacolís (muy bien explicados), vinos de Madrid, de Campo de Borja, Cariñena y Calatayud, Rueda y Cigales, Alicante e incluso sidra Asturiana. De Blanco a Tinto, de sencillo a complejo, de Norte a Sur.


Disfrutamos de una muestra representativa de la gastronomía tradicional cordobesa, y aprendimos de una manera sencilla las claves del aceite de oliva, no podemos exigir más a la parte gastronómica del viaje. Tiempo habrá para seguir ampliando conocimientos.


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